
No niego la necesidad objectiva del estímulo material,pero soy contrario la utilizarlo como palanca impulsora fundamental.Porque entonces ella acaba por imponer su propia fuerzaa las relaciones entre los hombres."
"Che Guevara"
"Che Guevara"
Al leer estas palabras en un libro hoy ,de lo cual ya ni me recuerdo del nombre ni de la capa, asocié-las inmediatamente a toda la locura que esta a mi vuelta.El exacerbado consumismo natalicio!Levanté los ojos y quedé allí parada de libro abierto en la mano. Di por mí a fijar la expresión de las personas que deambulaban en mío rededor. Rostros cenicientos, sonrisas ausentes, sobrolhos fruncidos y paso con prisa. Ni voy a hablar de los mires, porque tenía asunto para un texto de extensión impropia para que alguien el consiguiese leer hasta al fin, pero puedo decir que vi algunos mires que me parecieron poseídos, no por el Espíritu de Navidad, pero sí por el Demónio de Navidad, se es que él existe.Di por mí a escuchar pedacitos de conversaciones.Me recuerdo de la madre con el hijo que elegían un libro para Tiago, uno amiguinho del colegio. La madre, una joia de mujer, casi no dio tiempo al crio para hacer su elección atempada y personalizada. Atontada no paraba de repetir que tenía prisa y que no tenía vida para estar allí. Le dijo veces sin cuenta que cualquier libro servía de regalo para el tal coleguita. El dicho libro, es decir el dicho presente, fue casi balcón a la suerte por la madre, una joia de mujer, de entre la desorden de libros que el niño había hecho mientras intentaba elegir.Me llamó la atención una pareja, que discutía euros junto a estanteria de los libros de cocina.Decía ella, firme y convencida de razón:-- No puedo dar uno presente de diez euros a la mi madre, que queda con mi hijo el año entero, y dar a la tu madre, que raramente queda con él, una presente más caro.Reparé en la expresión de él, brutalmente desconcertada con aquella demostración de sentimiento minuciosamente pesado y medido al céntimo.Y mientras permanecí en pie, de libro abierto en una mano y bolsas de regalos en la otra, me recordé de mí. Una estatua viva, suspensa en el tiempo y en el espacio, que observaba los otros,mientras Josep me esperava en otra seción del Carrefu.
Me recordé que también estaba allí, me recordé que mismo sintiéndome una pieza aparte de toda aquella gente, también yo hacía aparentemente parte del "rebaño consumidor".
La gran diferencia entre mí y ellos en aquel momento es que yo no pude observar mi expresión, ni mi rostro, ni siquiera el mío mirar distante, cuál Che Guevara de "traer para casa".
Ante este pensamiento, me recuerdo que escribí la frase en un talão de multibanco que encontré en el bolsillo, aterricé el libro junto a los otros, y salí con un ligera sonrisa en los labios...al final, es Navidad y felizmente que en el supermercado no existen espejos!
Dilene Maia
Mataró 24 de diciembre de 2006
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